18 diciembre 2008

STICKY AND SWEET en Santiago de Chile: mis impresiones



Cuando en las pantallas comenzaron a aparecer las letras que forman la palabra “Candy”, el corazón se me aceleró a tal punto que tuve que auto conminarme a mantener la calma. Respiré hondo y abrí los ojos todo lo que pude. El corazón seguía acelerado, casi doliente. La plataforma en el escario central comenzó a girar y, poco a poco, vi a Madonna sentada en su trono. No me separaban más de cinco metros de ella. Mi visión era panorámica: la reina, sus bailarines, las pantallas. Todo estaba ahí. Y yo no lo podía creer.
Podía verle la cara. Al comienzo fue de asombro. Los ojos bien abiertos, mirando de un lado para otro. La respiración agitada. Pero después, en cosa de segundos, esa expresión dio paso a una sonrisa. Una amplia sonrisa que iluminó al Nacional. Madona nos daba la bienvenida a su gran show, circo-teatro, musical.




Por el contrario de lo que pensé que ocurriría, no lloré. Sólo grité de alegría al escuchar la primera frase de la canción: “See which flavor you like...”. Me puse a cantar con ella. Me agarraba la cabeza, me mordía el labio inferior, pero no estaba nervioso. Era una suerte de fascinación por tenerla tan (pero tan) cerca de mí. Nunca pensé que mi primer encuentro frente a ella sería así. Lo que ocurrió anoche en el Nacional fue mucho mejor que todos los sueños -muy recurrentes- que tuve días y meses antes.
Estoy seguro de que Madonna me vio. Caminaba por el escenario y la pasarela y nos sonreía. Estaba muy animada. Su cara era la de una niña que se sorprende con una novedad (“¿Chile?”). A medida que avanzaba su show, se fue dando cuenta de que, a pesar de que estamos en el fin del mundo, la conocemos y la adoramos como en otras partes. Ella lo sintió. Su expresión de nerviosismo del principio se transformó en alegría y fiesta. Cuando pasaba en frente de mí, yo lo advertía: Madonna estaba disfrutando de nosotros, que no escatimábamos en energías para expresarle que es nuestra ídola: “¡Diva!”, “¡Madonna, te amo!”, “¡Ídola!” se podía escuchar.






Canté a más no poder. Me desgarré la garganta gritando su nombre y levantando las manos. Quería que me viera. Que se fijara en mí y en la polera que había hecho. En un momento, pasó por donde yo estaba y, creo, se fijó en el mensaje: “Chileans do it better”. Ella sonrió. Y a mí me subió un calor estrepitoso que pasó por mi estómago, por el cuello y llegó a la cabeza. No recuerdo en qué parte del show ocurrió eso. Parece que fue mientras cantaba “Heartbeat” o “Into the Groove”. Pero no estoy seguro, porque en ese momento mi (generalmente buena) memoria falló por completo.
Recuerdo una muy particular expresión de Madonna, que no sé cómo describir. A pesar del maquillaje, su cara era límpida. Su expresión era la de una persona que estaba pasándolo muy bien (insisto: siempre sorprendida por la recepción des este público tan alejado del resto del mundo). Recuerdo sus ojos bien abiertos, su boca con un rictus que transmitía un “aquí estoy, disfrutando”. Era una rara mezcla de humildad real con orgullo por saber que, sobre un escenario, no hay nadie más completo que ella. Afortunadamente, ella cantó y bailó más hacia nuestro lado. Yo sabía que las coreografías tendían a la derecha del escenario y, por eso, luché contra todo para asegurarme.




Mi cuadro favorito era el primero (“Pimp”), pero no tuve la suficiente lucidez como para disfrutarlo por completo. Por eso, aluciné más con el segundo: Old School. Madonna en su máxima expresión de agilidad. Y la última canción de ese segmento fue “Music”. Su cara seguía radiante. Eso fue lo que más se sorprendió. Era como una niñita. Bailaba con entusiasmo, se reía, hacía guiños a sus bailarines y músicos (no muchos se percataron de eso, creo). Me emocionaba sentir esa calidez. Había sonrisas que estaban fuera de libreto. Y yo, de tan cerca que estaba, era testigo de cada uno de esos gestos.
Como cuando empezó el show no lloré, pensé que ya había superado la prueba de fuego. Pero pensé mal. Cuando se cerró la puerta del Metro y Madonna salió del escenario para cambiarse de ropa, me puse a llorar. No pude contener mi emoción de estar a tan pocos metros de ella. Fue un llanto desconsolado al principio, pero no me dolía nada. No hubo sollozos, sino que respiración entrecortada, muchas lágrimas y congestión en la nariz. Me sequé, me agarré la cabeza con las dos manos. Pero seguí llorando mientras en la pantalla se veía el interludio de “Rain”. Quizás fue por el momento, preciso para descansar de toda esa adrenalina inicial. Necesitaba descargar esas emociones que tenía adentro y que el vertiginoso ritmo del show no me había permitido.




El impecable traje de Givenchy usado para la sección “gipsy” del show era, sencillamente, espectacular. Madonna se veía muy bien, muy hermosa, muy estilizada. Me fijé en la musculatura de sus pantorrillas aprisionadas tras esas botas muy ceñidas a su cuerpo, casi como una segunda piel. Miré con asombro y admiración los pasos de baile. No quería perderme ningún detalle ni de la coreografía ni del escenario ni de las pantallas ni de Madonna. Pero casi todo el tiempo estuve mirándola a ella. Y en todo momento me sorprendí del brillo que emanaba de su rostro: una expresión de gratificación por la respuesta de todos nosotros que le gritábamos “¡Madonna, te amo!” cada vez que se acercaba.
Hasta me reí con Madonna. Me gustó que el público comenzara a gritarle “¡Ídola!” y ella no entendiera. Preguntó: “¿Qué dicen? ¿Te amo? Yo también...”. Hubo una traducción instantánea de todos nosotros (“¡Idol!”), pero ella siguió haciendo muecas. Luego agregó: “No entiendo... yo soy muy caliente”. Esos pequeños guiños con el público son los que hacen la diferencia en sus conciertos. Con esas simples palabras me sentí abrazado por el calor de una Madonna mucho más humana que como la veía en los sueños y en los DVD´s. De hecho, ésa fue la sensación que se me quedó del concierto: Madonna es una diva inigualable, una superestrella del espectáculo y, sin duda alguna, la reina del pop. Pero a pesar de eso se permite ciertas licencias para seguir encantando a sus seguidores. Se muestra cercana, alcanzable, deseable... y nosotros nos rendimos a sus pies enfundados con costosas botas de tacos altísimos.




La veía bailando canciones rumanas, brindando con una petaca de tequila, y pensaba que el show ya iba en la mitad. No quería que se acabara, pero traté de mentalizarme para no preocuparme por eso. Tenía que disfrutar a fondo cada segundo, cada acorde, cada movimiento. El corazón estaba más calmado, pero la adrenalina no. El cansancio de las piernas (y de las 12 horas de espera bajo el inclemente sol de Santiago) no se sentía. La sed tampoco. Todas las molestias físicas se pasaron cuando Madonna salió al escenario. Fue realmente increíble sentirse fuera del mundo real por dos horas. La reina del pop fue una especie de droga dulce y pegajosa con poderes estimulantes instantáneos.
Deliberadamente, no llevé cámara fotográfica. No quise distraerme con eso. Sabía que si llevaba, estaría pendiente de que pasara frente a mí, de lograr una buena toma, un buen ángulo. Y no quería distraer a mis sentidos. Quise absorber todo sólo con mi visión, mi olfato, mi tacto, mi oído. Sé que mis amigos llevaron cámaras para captar las imágenes. Después se las pediré a ellos. Las miles de imágenes las tengo guardadas en mi memoria, como un recuerdo que no se borrará hasta el día en que me muera.






Madonna es ágil, atlética, excelente bailarina. Tiene un carisma indescriptible que se traspasa desde el escenario. Guiñe el ojo a sus fans, sin siquiera mover sus párpados. Con una sonrisa me derritió más de una vez. Con sus pasos perfectamente sincronizados con los bailarines (excelentes y muy carismáticos también) me llevó a una dimensión paralela. En esa dimensión sólo me daba tiempo y maña para seguir cada uno de sus detalles: cuando salía del escenario, cuando se preparaba para entrar, cuando hacía los intermedios entre una canción y otra... O sea, me imbuí también en los pequeños detalles. Sensibilicé el oído y descubrí el paso raudo de los bailarines corriendo bajo la pasarela para salir nuevamente por la parte de atrás del escenario. Vi cómo armaban la escalera del escenario; cómo Madonna se arreglaba su hombrera con brillantes. Lo vi todo. Lo absorbí todo.
No quería que se acabara el concierto, pero sabía que con la puesta en escena del último cuadro, la hora del fin se acercaba. Me conocía la estructura general del Sticky & Sweet. Lo había visto y escuchado muchas veces en las grabaciones de los fans de otras partes del mundo. Era inexorable: el traje futurista con inspiración japonesa (rave) era lo último. Las fuerzas seguían intactas, a pesar del desborde de energía. Me di el tiempo para cantar a todo pulmón todas las canciones. Grité a más no poder los “tic tac tic tac tic tac” de “4 Minutes”, “Like a prayer” y “Ray of light”. Pedí a todo pulmón que cantara “Frozen” cuando Madonna pide las opiniones del público. Pero había más gente gritando por “Holiday”, así que ella -no sin fruncir el ceño y arrugar la nariz- accedió.






Luego vino la rockera versión de Hung Up. La voz ya casi no me salía. Mi garganta estaba seca. Mis manos, rojas y trémulas de tanto aplaudir. Mi cuerpo transpiraba, exudaba olor a cansancio, adrenalina, sol y tierra del las afueras del Nacional. Veía a Madonna de espaldas. Veía su cabello alborotado (parece que el clima la hizo despeinarse más de lo adecuado). Veía sus botas. Veía cada detalle y en mi corazón sabía que todo eso ya se iba a acabar. Salté lo más alto que pude. Alcé mi mano, tocando el cielo (aunque ya lo había tocado dos horas antes). Guardé mis últimas fuerzas para que Madonna se fuera con esa imagen cuando acabara su show.
Me fijé en que se cambió las botas para cantar su última canción. ¡A eso se va detrás del escenario! A ponerse unas zapatillas negras y bajas (quizás, las mismas que usa para saltar la cuerda en Into the Groove). La energía de Madonna seguía desbordante. Su cara, sus gestos, su sonrisa, todas sus expresiones, seguían intactas. Bailaba con un ritmo exquisito, en perfecta sincronía, sin demostrar cansancio. Su pantalón brillaba, al igual que sus ojos, muy abiertos. Salté, grité. Quise imitar sus pasos, pero la presión del resto de los asistentes sólo me permitió saltar y levantar mi mano. Ella lo veía. Ella pedía que saltáramos. Saltábamos. Ella pedía que gritáramos. Gritábamos. Ella pedía que cantáramos. Cantábamos. Cantamos, incluso más fuerte, cuando se acercó a nosotros y nos ofreció el micrófono. La vi a la cara. No sudaba. Era blanquísima y muy linda, con rasgos finos. Estaba alegre, feliz... al igual que nosotros.





El “game over” del final, tras su “Thank you, Santiago. Good night!” indicaba que el sueño llegaba a su fin. Aquellas dos horas de luces, música, cristales Swarovsky, pañuelos Givenchy y botas MacCartney habían terminado. Quedé alelado. Caminé casi por instinto a buscar a mis amigos. Ahí estaban ellos, aún con la boca abierta y la adrenalina a mil. Miré a Manuel y lo abracé. Nuevamente me puse a llorar. No sé si por lo emocionado que estaba o porque empezaba a comprender que el show se había acabado. Pero más que eso, lloraba de puro agradecido que estaba. Agradecido por haber podido ver a Madonna tan cerca, tan vigorosa, tan hermosa, en mi país. Porque no todos pueden decir que miraron a los ojos a la reina indiscutida del pop. A la mujer más famosa del mundo.





(rOdRigO).
Nota: las imñagenes corresponden a la primera sección del show ("Pimp"), porque es el que Producción permite fotografiar de manera profesional. Estas fotos están disponibles en la página www.allaboutmadonna.com



30 julio 2008

María Música: show mediático v/s falta de educación cívica


Es cierto: se trata de una niña de 14 años que, aunque muchos se esmeren en contrariarlo, no es madura. Siendo así, no se da cuenta de los alcances de sus actos, declaraciones y aires de heroína juvenil. Sus acciones responden a un arrebato hormonal más que a la férrea convicción de querer cambiar el mundo.Decisiones tan erráticas y desafortunadas como lanzarle agua en la cara a una ministra de Estado no es más que la prueba de su falta de desarrollo cívico.

Tal como ocurre con todas aquellas ´estrellas´ que tienen quince minutos de fama, la prensa se ha encargado de enaltecer la imagen de una escolar como cualquier otra, persiguiéndola, acosándola, increpándola para que responda las acusaciones. Quizás, la pobre púber se siente alentada por el revuelo que causa y sigue siendo parte de esta comedia que se ha erigido en torno a su curioso pero original nombre.

Siento que le hacen un mal si la ven sólo como un “objeto” de la noticia. Mejor sería preocuparse de que se instruya en el exqusito arte de la razón, de la defensa argumentada, del autocontrol que hace grande a los grandes. Porque si se tratara de hacer ´lo primero que se nos viene a la cabeza´ en un momento de ofuscasión, el mundo estaría regido por el caos. Que no se emborrache por el efímero licor de la fama fácil y gratuita y que se preocupe de forjar un futuro basado en el esfuerzo y el talento que puede llegar a descubrir a medida que vaya creciendo.

Cuelesquiera hayan sido sus demandas, me parece insólita su tenaz resistencia a reconocer que ´el jarrazo´ (como se ha mencionado con tanta pompa en los medios de prensa) no fue un acto del cual debiese sentirsa orgullosa. Convencida, sí. Pero ¿orgullosa? Evidentemente, hay algunos valores que se trastocan y se esconden bajo la etiqueta de “líder revolucionario”, lo cual pareciera ligar irremediablemente la lucha justa con la falta de respeto y el atropello.

No es mi intención defender ni a la ministra ni tampoco atacar a la adolescente. Quisiera hacer hincapié en la fatla de espíritu cívico que comienza en el seno del propio hogar. Porque me parece irrisorio que la madre de María Música hinche sus pulmones de satisfacción al defender lo que su hija hizo. Esa actitud confrontacional, obcecada y aguerrida no hace más que acentuar la falta de cultura ciudadana existente en el país. Y eso no es sólo un problema de la educación formal, sino que también de las familias que prefieren hacer de esto un espectáculo mediático redituable, antes que una necesaria lección de vida e invitación a reflexionar sobre cómo estamos haciendo las cosas al interior del hogar.

No se trata de castigos medievales -como sugieren algunos que, paradógicamente, acusan de absolutistas a los que defienden el derecho al respeto en contra de la joven-. Se trata de ver los hechos con altura de midas y no permitir que se fomente (sí, fomente) la falta de sentido común y el atropello a la razón. Si se le da tanta ínfula y se hace de María Música una mártir por su acto, se estará dando una venia soslayada para que cada uno se deje llevar por los impulsos, tal como si no tuviéramos otras alternativas de acción.

Expulsarla del colegio donde estudia no es la solución, aunque quizás sí le sirva para darse cuenta que hay que hacerse responsable de las consecuencias que tienen los actos. Si quiere estar realmente preparada para la vida y la actitud desafiante, debe saber cómo enfrentar las situaciones. Por algo están hechas las leyes y las convenciones sociales: “Haces algo, pagas”. Quizás, a la pequeña Música le sirva saber que no podrá seguir estudiando por este año, pero que podrá retomar el próximo. Y así, cuando todas sus actuales compañeritas celebren con hermosos vestidos su titulación de la Enseñanza Media, ella deberá esperar por el necesario diploma.

(Rodrigo)

02 julio 2008

NUEVO SITIO WEB DE LIBERTYBERTO


A pesar de que Libertyberto Elizabeth Alberto es intrínsicamente indefinible, hay algunos conceptos que se acercan a lo que él representa en la vida. Entre ellos, el que más me gusta es ICONOCLASTA. Libertyberto es iconoclasta por naturaleza:


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iconoclasta. (Del griego, rompedor de imágenes).


1. adj. Se dice del hereje del siglo VIII que negaba el culto debido a las sagradas imágenes, las destruía y perseguía a quienes las veneraban. U. t. c. s.
2. adj. Se dice de quien niega y rechaza la merecida autoridad de maestros, normas y modelos. U. t. c. s.


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Este perro tiene del año que le pidan (jajá). Cada día nos sorprende con nuevas andanzas, historias, actitudes, reflexiones, personalidades. En este tiempo ha ganado absoluto protagonismo entre todos los otros personajes que adoptamos con bacalao (de hecho, Libertyberto es más poderoso y popular que nosotros dos juntos).


Pero ahora se viene lo mejor... PRONTO... MUY PRONTO... su nueva página web, ¡más iconoclasta que nunca! Su verdadera historia, sus parientes, sus vivencias... todo en un solo lugar. Estamos trabajando para ofrecer la página que desbancará a facebook en su reinado web.


Por mientras, pueden seguir deleitándose con su video en Youtube, en: http://www.youtube.com/watch?v=Ea1WqSYyVyo


Y, también, pueden votar por el cuento que relata una pequeña historia de la vida real, en: http://transantiagoen100palabras.cl/?a=2010


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rOd.

08 mayo 2008

Madonna: Sticky & Sweet Tour 2008



Mucho se había especulado. Muchos habíamos estado esperando. Al parecer, esta vez sí que es cierto: Madonna ha confirmado que pretende venir a Sudamérica en el contexto de su más reciente gira "Sticky & Sweet Tour", que comienza en agosto de 2008.


Es de esperar que se dé una vuelta por Buenos Aires y Santiago de Chile, donde hay miles y miles de fanáticos que ya hemos comenzado a juntar el dinero y las ganas para ir a ver a la reina del pop en lo que mejor sabe hacer: espectáculos grandiosos.



¡Grande, Madonna!
(Rodrigo)

18 abril 2008

Líder de la manada




Partiré este post citando el primer párrafo de varias publicaciones que he leido en Internet en el último tiempo: "Nadie apostaba ni un peso por Mariah Carey...". Al parecer, muchos pensaron que después de Glitter (banda sonora de la terrible película homónima), de su despido en Virgin Records y de las bajas ventas de Charmbracelet... una de las más grandes divas del hip-pop de los 90 estaba acabada. Casi con una sádica sonrisa complaciente anunciaban el comienzo de una nueva era, marcada por jóvenes hermosas y de cuerpos perfectos, cuyo virtuosismo vocal poco importaba (si es que existía).


Pero estaban equivocados: las nóveles y rubias intérpretes de melódicas canciones pop se fueron perdiendo en el camino, cegadas por la fama, el dinero rápido, el seudo-glamour y las fiestas hasta la madrugada. Y mientras el mundo veía el desplome de nombres como el de la-ya-mítica Britney Spears, Mariah se preparaba para dar el gran golpe a la industria musical: sacaría un disco totalmente renovado, limpio y moderno: "The Emancipation of Mimi" (TEOM, Island Records, 2005).


Muchos de los críticos que habían augurado la muerte musical de Mariah debieron recular y aceptar que, independientemente de sus gustos musicales particulares, éste era un gran trabajo. Así lo demostró la opinión generalizada de especialistas y, también, del público, que se agolpó en las tiendas para comprar el álbum. Mimi volvía, así, al tope de todas las listas. Ganaba premios otra vez y dos de sus singles se empinaban en el número 1 del ránking de la revista Billboard. "TEOM" marcaba el renacimiento, desde las cenizas, de la precursora del hip-hop (ese ritmo que tanto usan algunos artistas hoy en día, mezcla de pop, rap y hip hop. ¡Si hasta la mismísima reina del pop, Madonna, lo ha incluido en su último disco!).


Reconocimientos internacionales, fama, fortuna, conciertos multitudinarios: ése fue el ritmo de vida de Mimi entre 2005 y 2008. De ahí en adelante, expectación: ¿podría el siguiente álbum consolidar esta resurrección? Mariah se tomó su tiempo para darnos a conocer la respuesta. Viajó por islas semi desiertas, llamó a nuevos amigos/productores, grabó en estudios propios, compuso, escuchó los resultados, volvió a componer... Todo, con el único afán de sacar a la luz un disco perfecto: natural, honesto, moderno, urbano... Y así fue como, después de retrasar su lanzamiento en dos oportunidades, nos presentó su producción E=MC2 (Island Records).


Hubo risas e incredulidad al saber el nombre oficial del disco. No faltaron quienes cuestionaron su pretensión de acercarse al mundo científico/intelectual a través de la famosa fórmula de la relatividad de Einstein. Pero Mariah se lo tomó con humor y no tardó en aclarar que esto nada tiene que ver con energía, masa ni mucho menos con la velocidad de la luz: "Es como la continuación de la emancipación creativa que tuve con mi álbum anterior. Es como "The Emancipation" a la segunda potencia". Mimi, renovada y corregida.

No se trata sólo de una Mariah que se ve y se siente mejor (con su indiscutible cambio en la apriencia física). Se trata de un álbum que -por su concepto y su sonido- se vuelve indispensable para la música contemporánea. Mariah Carey, fiel a su estilo, entrega 14 composiciones frescas, donde el amor, el desamor, el deseo y el desenfreno se convierten en temas principales. Con aires de R&B, Gospel o tintes de reggae (inédito en la industria), E=MC2, efectivamente, logra escucharse natural y urbano. Se nota una evolución en los conceptos: de la balada melódica a aquella con base hiphop. De las canciones sobre el amor ideal a los descargos por un matrimonio fracasado y opresivo. De los interminables rap-de-negros (con todo respeto) a colaboraciones sutiles, justas y necesarias.


Las canciones de E=MC2 tienen todo para gustar. Para ser esuchadas una y otra vez, no tan sólo por los fanáticos de la voz que ha hecho famosa a Mimi en todo el mundo. ¡La voz! Ése es otro aspecto a destacar: no faltaron los comentarios irónicos que sugerían que Mimi ya no cantaba como antes. Y es cierto: su voz ha sufrido modificaciones, pero al escucharla en este disco nada puede criticarse. Están las inigualables variaciones melódicas entre los graves imposibles y los agudos fascinantes. Hay sutileza e intimidad en las baladas; fuerza y potencia en las interpretaciones más dance. En definitiva, el regreso de "La Voz", como también es conocida.


Mis canciones preferidas de este disco son:


- "For the record": una balada moderna, bien cantada, apasionada, íntima, con un coro atractivo.
- "That chick": moderna, dance, interesante, bailable, pop, setentera (con un sample de Michael Jackson).
- "I wish you well": porque Mariah puede demostrar que puede cantar sola junto a un piano. Una canción mágica, como otrora.
- "Touch my body": perfetca mezcla de pop y hip hop. SI bien la letra no es profunda, es ´pegajosa´ y atractiva.
- "Migrate": modernísima. Muy contemporánea, con sonidos frescos y electrónicos.
- "Bye bye": al más puro estilo de We belong together, habla con franqueza sobre el dolor de la pérdida de seres queridos.
- "O.O.C (out of control)": con tintes setenteros, es una melodía pegajosa, entretenida de cantar, con variaciones vocales.


Excelente disco para demostrar que Mariah Carey sigue siendo única en su género. Tal como una publicación norteamericana la ha llamado: "líder de la manada" (en directa alusión a artistas contemporáneas como Rihana, Beyonce, Christina Aguilera y otras).


Rodrigo Zavala M.

16 abril 2008

Ni ídolo(s) ni héroe(s)



¿Cómo puede ser que se subestime tanto a los lectores de diaris de nuestro país? No sólo a ellos, sino que también a los cientos de televidentes que no tienen otra compañía que los programas mañaneros... ¿O, acaso, son ellos -los "consumidores"- los que lo exigen? Cualquiera sea la relación de causa-efecto (o codependencia), el resultado para mí es el mismo: inundan los espacios públicos, mediáticos y físicos, con material vomitivo, malamente clasificado como noticia.

Me rehúso a creer que el borreguismo se ha implantado en nuestra sociedad. No porque uno o dos diarios de circulación nacional lleven en portada las mismas basuras de siempre, niños, jóvenes, adultos y ancianos van a considerarlo una pauta válida para las conversaciones cotidianas. Esos temas no pueden instalarze, así, naturalizados, al repertorio de situaciones interesantes para discutir. Por lo menos, no con la importancia que se le está otorgando actualmente.

Estoy cansado de ´Amor ciego". De ´Cari´, Edmundo y todo eso. Al principio opté por hacerme el desentendido. "No le des importancia. Haz como si ellos no existieran", me dije. Pero no puedo. El bombardeo es tal que me es imposible abstraerme de este ´fenómeno´ televisivo y hecho a medida para que la bella modelo comience una carrera en Canal 13. Están en todos lados y, aunque quiero, no me dejan vivir en paz.

De todo esto, quien más me tiene sobrepasado es Edmundo. Suelo no tener instintos homicidas, pero en un par de ocasiones he considerado que la únicasolución para éste, mi problema, es eliminar a ese personaje (y no persona) de la faz de la Tierra. Pero, afortunadamente, vuelvo a mis cabales rápido y ni siquiera llego a trazar un plan para concretarlo.


Hace mucho que no sentía tanta hostilidad contra alguien (y eso que debo haber visto -a lo más- ese programa de citas en dos ocasiones, y ni siquiera completo). No lo conozco personalmente -¡por la Gracia de Dios!-, pero puedo afirmar que en este momento ocupa el primer lugar en la lista de mis enemigos públicos. Llega un punto en que no necesitas del contacto o la cercanía física para sentir atracción/repulsión: a tal puntoo está infestada la atmósfera de su nombre, su vida y su ´obra´.

Gratuitamente, me he enterado de su altisonante voz, de su caprichoso existir, de su armado discruso amoroso, de sus declaraciones clichés, de sus conflictos existenciales, de su frustrada carrera como futbolista, de su personalidad agresiva, de su falta de cultura. ¡Y la lista suma y sigue! "¿Por qué?", me pregunto. ¡Por qué! ¿Tan escasos de hechos o personajes que han hecho algo por el mundo estamos? ¿Tanta importancia tiene alimentar el morbo y el exhibicionismo de un hombre cuya existencia no alteraré en lo más mínimo la alineación cósmica? Sinceramente, me parece mucho. Y vergonzoso.
No sería justo decir que todos se vuelven locos por él (si así fuera, esta humilde opinión no tendría sentido). Todavía queda un reducto de personas que se niegan a caer en la tentación de considerar a Edmundo como un ser real. Hoy está siendo inspiración de mis palabras (¡quién lo diría!), no por considerarlo importante dentro de mi mundo, sino que, precisamente, porque estoy consciente de que se trata de un producto con fecha de caducidad; de un desagradable personaje nacido de un experimento, pero no de un ser real. Esto es un show que, lamentablemente, debe continuar hasta que siga dando dividendos.

Rodrigo Z.


08 abril 2008

Los otros derechos humanos

Tenía que escribir sobre esto. Los estímulos externos e internos son demasiados como para auto excluirme de la discusión valórica más importante de lo que va del presente año.

En nuestro país se han alzado voces que piden una revisión a los derechos humanos. Se han erigido monumentos, se han elaborado documentos de miles de páginas pidiendo perdón. Se ha establecido la idea del “nunca más” (aludiendo a los atentados cometidos durante el periodo militar) y todos alzan sus copas pensando que en Chile no hay situaciones que nos avergüencen tanto como aquellas muertes y desparaciones. ¿Dónde queda el respeto por los otros derechos humanos?

No soy mujer ni tampoco pobre, pero -como chileno- me siento tan afectado y desilusionado como si lo fuera. Me siento pasado a llevar en mi capacidad (libertad, derecho) de elegir por mí mismo lo que considero óptimo para mi vida.

La decisión del Tribunal Constitucional sobre suspender la entrega gratuita de la “Píldora del día después” es, sin duda, el mayor atentado contra los derechos humanos del último tiempo. Según mi parecer, no sólo se transgrede el libre albedrío que tienen todas las mujeres para decir si la consumen o no. Tampoco se trata solamente de una discriminación abierta y vergonzosa contra aquéllas que no pueden pagar lo que la píldora vale en el comercio formal (e informal, claro está).

El asunto es otro: el hecho de que un grupo tan reducido de personas se reúna bajo la falsa apariencia de tribunal heterogéneo e imparcial y tome determinaciones que afectan a un número tan alto de personas. Ellos, sentados en sus sillas de cuero y mirando al resto del mundo hacia abajo con un dedo acusador, toman decisiones y, peor aún, imponen lo que -según su moral- es lo correcto y lo incorrecto para los millones de chilenos.

Hemos estado lo suficientemente oprimidos como para seguir aguantando la mano de la moral castigadora, representada en las posiciones políticas más conservadoras o en los santos dogmas de la Iglesia. No podemos seguir aceptando que la ignorancia y la el razonamiento obcecado siga atropellando nuestros derechos más básicos.

Siendo pragmáticos, resulta evidente que esta decisión no aportará a construir un país más equitativo y justo. Los sectores más pobres de la población se verán de manos atadas, castigadas por las imposiciones de aquéllos que pregonan una verdad absoluta. Las mujeres que se levantan a las 6 de la mañana porque tienen que hacer fila para obtener un número para que las atiendan en el consultorio del barrio; las jóvenes víctimas de abusos sexuales... todas ellas están desamparadas por una resolución tomada entre cuatro paredes.

No se trata de discutir lo evidente. Las pruebas científicas realizadas por profesionales, serios y experimentados, señalan fehacientemente que la concentración del compuesto Levonorgestrel (compuesto principal de la Píldora del día después) no es abortiva. Está comprobado que su accionar funciona en determinadas circunstancias (¿serán capaces de asimilarlas los integrantes del Tribunal o será demasiado obsceno hablar en un lenguaje donde la palabra vagina o útero se escucha constantemente?) y que, en ningún caso afecta la implantación embrionaria. Tal como su nomenclatura lo señala, se trata de un antconceptivo. Plop.

¿Adónde vamos a llegar? ¿Qué es lo próximo que se viene? El retiro de todos los anticonceptivos que tienen el polémico (acá debe ir un par de comillas) compuesto, de seguro, va a afectar el devenir de la planificación familiar y de la vida cotidiana de las mujeres. Es decir, no podrán decidir sobre el destino de sus vidas. No podrán tener la opción de elegir y se verán en la obligación de realizar actos aberrantes. ¿O acaso creen que el aborto va a disminuir, efectivamente? Si no existe la posibilidad de tomar el control de la fecundidad, ¿qué podemos esperar?: interrumpir el embarazo o llenar el país de hijos no deseados.

En un país que se vanagloria de poner atención sobre derechos femeninos (¿qué es todo aquello de la lucha contra el femicidio si no eso?), un fallo como éste significa una mancha indeleble en su historia. ¿Quién va a hacerse cargo de eso? ¿Quién va a hacerse cargo de las cifras en rojo de sangre? ¿Quién escuchará a las mujeres desesperadas? ¿Los honorables integrantes del Tribunal? No lo creo: ellos sólo escuchan su lúcida voz interna. Tan lúcida que es capaz, incluso, de decidir por mí... que nada tengo que ver con la píldora.
Por Rodrigo Zavala M.
(Foto: Latinstock).

12 febrero 2008

(Voy y vuelvo...)


ME ESTOY RENOVANDO...


QUIERO OPTIMIZAR LOS CONTENIDOS DE ESTA PÁGINA.


VOLVERÉ, PERO AÚN NO HE PODIDO ORGANIZARME BIEN.


(Rodrigo)

10 enero 2008

ESMÍSMAR


Algunos le llaman ´alma gemela´; otros, ´media naranja´. Nosotros le decimos ESMÍSMAR.

Este término -hay que decirlo- fue usurpado de una serie norteamericana de dinujos animados: "Futurama". En uno de sus capítulos, transmitido el año pasado en Canal 13, se hicieron las definiciones y referencias respectivas. Fue algo ingenioso y divertido que llamó la atención de bacalao, quien me lo comentó muy interesado. Desde ese momento, no hemos dejado de usarlo, para marcar una diferencia en nuestro propio lenguaje.

Esmísmar es aquel ser, hombre o mujer, que sabemos que está allá afuera (en el "mundo real"), pero que no necesariamente llegamos a conocer. Es la persona para la cual fuimos concebidos por un Ser Superior (cualquiera sea el nombre que se le asigne). Nuestra función en la vida es buscarla, para lograr una conexión emocional, espiritual, física y sexual. Es el complemento perfecto, ideal que -insisto- está destinado cósmicamente.

No sé si esto tiene algo que ver con un antiguo mito que leí alguna vez (creo que era griego), que señalaba lo siguiente: al principio de los tiempos antiguos, en los albores de la civilización, las personas eran ´seres´ conformados por dos pares de extremidades, dos cabezas y y dos corazones. Se trataba de una suerte de siameses que vivían en armonía y felicidad. Nadie más que ese ´otro inseparable´ te hacía feliz: sabía tus secretos, te confortaba, te gustaba, te hacía sentir vivo...

... Pero un día, el dios Zeus (si no me equivoco) quiso castigar a los hombres sobre la tierra, dándoles el peor de los castigos del universo: fueron separados de su ´mitad´. No conforme con eso, los hombres fueron dispersados por el mundo, en lugares remotos y antagónicos, donde sufrirían por el resto de la eternidad... solos y abandonados.

Los hombres entendieron el castigo y, para enmendar su error, comenzaron a generar nuevas comunidades, siendo personas de bien. No obstante, siempre estuvieron anhelantes de, alguna vez en la vida, pode reencontrarse con esa mitad que había sido destinada a un incierto destino. Se dedicaron a vivir, pero al mismo tiempo, a buscar aquello que tanto les faltaba...

¿Su esmísmar? Puede ser.

No recuerdo con exactitud los hechos, los nombres ni la verdadera procedencia de este mito que tanto me sedujo cuando era más joven. Lo que sí puedo decir es que me parece un modo bastante inteligente y fantástico de justificar nuestra incansable búsqueda de nuestro esmísmar en los tiempos modernos. Quizás sabemos que vagando en algún lugar está esa otra mitad de la cual fuimos despojados por herencia.

La maldición fue aún más cruel que el hecho mismo de la ablación, ya que la sentencia incluía implícitamente la posibilidad de que jamás se pudiera encontrar la otra mitad. Así, se pasaban la vida vagando, probando suerte, conociendo personas... sin resultados. ¿No es, acaso, lo mismo que ocurre hoy en día? ¿No es ésa, justamente, la razón del aprendizaje y crecimiento en las relaciones amorosas modernas?

(Texto dedicado con amor para mi esmísmar).

Rodrigo

21 diciembre 2007

"Como tubo de escape" (Victoria sic)


¿Hasta dónde son acertados los comentarios que podemos hacer sobre la pareja? ¿Cuál es el límite entre el respeto por la intimidad y la extraversión? ¿Es una muestra de amistad compartir nuestros más siniestros deseos y secretos con las personas de más confianza?

Estas reflexiones al más puro estilo de Carrie Bradshow me surgieron luego de leer en diversos medios las declaraciones que hizo la otrora posh Spice, Victoria Addams de Beckham. Sin duda, ella se caracteriza por la explotación de su imagen chic-sexy y por la interminable lista de declaraciones o comentarios que obedecen a la lógica "lo pienso, lo digo". ¿Cómo olvidar cuando dijo "Cuando llegué a Japón me llamó la atención que hubiese tantos japoneses"?

Pero esta vez no es sólo ella quien está en el ojo del huracán (aunque, pensándolo en perspectiva, esto es solo una noticia sabrosa, pero sin trascendencia para la humanidad). Esta vez involucró a su cónyuge en una polémica que -sin duda- tiene mucho mayor trascendencia para mujeres heterosexuales y hombres gays que para los amantes del fútbol.


Tras la publicación de las primeras fotografías del futbolista inglés para la multinacional de la moda Armani, surgió una serie de comentarios que ponían en duda la veracidad de su abultada entrepierna tras aquellos calzoncillos blancos (en la foto). Algunos insinuaron la utilización de PhotoShop y otros, más prácticos, defendieron la teoría "del calcetín", lo cual sería bastante poco elegante -por decir lo menos-, considerando la exhorbitante cantidad de dinero que le pagaron por esta publicidad.

Yo tengo mi propia teoría, pero la compartiré en otra oportunidad.

Así como está, creo que la foto vende por sí misma. Es obvio: ¡se trata de un comercial de ropa interior! ¿Quién pensaría en poner un modelo a quien no se le marque nada? Con o sin intervención, Beckham es una marca que se vende por sí misma y no necesita de polémicas extra para estar siempre presente en el colectivo de la moda, el deporte... y la belleza.

Lo que quiero comentar es mi sorpresa y diversión al saber que Victoria se pronunció al respecto, diciendo que "se siente orgullosa del ritmo sexual que tiene con David". Acto seguido, y sin decir "¡agua va!", se mandó unas declaraciones para el bronce: "Él está muy bien proporcionado. Se puede ver en las fotos. ¡La tiene como el tubo de escape de un camión!".

¡Cómo dice eso! (y ojo, que no es censura). Es sólo que, haciendo honor al funcionamiento de la mente humana, eso da para pensar... Así como si ella tuviera la necesidad de salir a defender al pobre David, para que no duden de su "virilidad" (lo cual es una soberana estupidez). Y, por último... ¿no tendrá una pequeña distorsión en las proporciones la señora Beckham? Porque si en verdad lo tiene como dice que lo tiene, ¡Dios la proteja!

Rodrigo

30 noviembre 2007

VIGOREXIA





OBSESIÓN POR EL GIMNASIO

La vigorexia se define como un trastorno sicológico que se manifiesta en la excesiva práctica de deporte y de rutinas en el gimnasio; todo con el fin de procurar la belleza y la ´perfección´ física.


Por Rodrigo Zavala M.



Actualmente, las enfermedades de orden sicológico están cada vez más presentes. Esto se debe a las exigencias de la vida diaria y al contexto sociocultural en el que las personas se desarollan. Desde esta perspectiva, es posible explicar la vigorexia (también conocida como "complejo de Adonis"), que surge producto de una sociedad competitiva donde el culto a la imagen es cada vez más importante.

La vigorexia fue diagnosticada por primera vez en Estados Unidos, a comienzo de la década de los 80, pero no fue sino hasta los años 90 cuando se dio con mayor fuerza en la sociedad occidental; en el último tiempo, se han multiplicado los casos diagnosticados por especialistas.

Este trastorno -generalmente- afecta a hombres que buscan tener un cuerpo tonificado a extremos a veces exagerados. Con el fin de lograr ese objetivo, se da paso a una sobreexigencia en las rutinas de ejercicio, sobre todo en los gimnasios, lugar donde los vigoréxicos pueden estar gran parte del día, sin descanso.

DESORDEN EMOCIONAL

La vigorexia se caracteriza por una necesidad cada vez mayor de hacer deporte y por la aparición de síntomas físicos (fatiga) y sicológicos (ansiedad). Las personas que la padecen sienten un impulso irresistible de seguir ejercitándose, incluso cuando están lesionados, cansados o deben cumplir con algunos compromisos familiares, laborales, etcétera.

En términos médicos, la vigorexia se califica como un desorden síquico-emocional que tiene relación con la percepción distorsionada de las características físicas, de modo similar a lo que sucede con la anorexia. Sin embargo, esta lógica se manifiesta de modo inverso: la persona afectada siempre se ve débil y nunca llega a estar conforme con el resultado de sus ejercicios.

PROBLEMAS FÍSICOS

Este trastorno causa problemas físicos y estéticos: hay una desproporción evidente entre cuerpo y cabeza, problemas óseos y articulares (debido al peso extra que tiene que soportar el esqueleto), falta de agilidad y acortamiento de músculos y tendones.

La vida de estas personas gira en torno al cuidado de su cuerpo; al mismo tiempo, la dieta se regula de forma minuciosa, se eliminan las grasas y se consumen proteínas o hidratos de carbono -en muchos casos, artificiales- en exceso, lo que lleva al hígado a desempeñar un trabajo extra.

Este desorden metabólico, por lo general, se une al consumo de esteroides y anabolizantes, con el fin de acelerar el crecimiento de los músculos. La ingesta de estas sustancias aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, lesiones hepáticas, disfunciones eréctiles y genera mayor propensión a padecer cáncer de próstata.

TRATAMIENTOS

En lo que se refiere al tratamiento, prácticamente no hay diferencias con la anorexia o la bulimia. Siempre se requiere de la ayuda de un especialista (sicólogo, siquiatra, nutricionista) que determine las causas internas que llevan a la persona a practicar ejercicio en exceso. Luego de eso, debe existir una regularización de la exigencia muscular y en la alimentación.

Los expertos coinciden en que el el principal riesgo para los afectados de vigorexia es la falta de control con la que hacen ejercicio. La persona que decide hacer deporte, debe tener una programación antes de entrar en el gimnasio, saber cuáles son los objetivos primordiales y el nivel con el que cada uno comienza la actividad; por lo mismo, se recomienda ponerse en manos de un entrenador.

Además, se insta a las personas a reconocer cuándo están en presencia de un cuadro vigoréxico. Es decir, consultar con un especialista frente a cualquier síntoma de alarma, como fatiga, cansancio o algún dolor muscular... no con un amigo o compañero de gimnasio.

13 noviembre 2007

¿Por qué no se callan?

La XVII Cumbre Iberoamericana ocurrió en Santiago y yo casi ni me entero, de no ser por las noticias en diarios, radios y diarios. La semana pasada -como nunca- hice sólo trayectos bajo tierra, en un Metro atestado de personas, y no tuve la oportunidad de ser testigo de vallas, protestas, contingente policial ni autos blindados.


A pesar de esta pseudo desconexión del mundo real, me interesé por algunos pormenores del encuentro: datos insípidos como el color de la ropa de la presidenta electa de Argentina, detalles del chilenísimo menú que se sirvieron en la cena de honor y uno que otro tema importante abordado entre los mandatarios.


Sin embargo, lo que más ha causado polémica no ocurrió sino hasta el final de la cumbre, justo en el día de clausura. Cuando todo parecía haber concluido bien, todos fuimos testigos del encuentro verbal entre el rey Juan Carlos de España y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez.


"¿¡Por qué no te callas?!", dijo el monarca a Chávez, en una acalorada defensa a la honra de el ex jefe de Gobierno hispano, José María Aznar. La interrupción, por cierto, no calló las críticas del mandatario venezolano, pero sí generó tal nivel de impacto que hasta el día de hoy la frase da vueltas al mundo.


Todos estaban desconcertados: el Rey (aunque suene incríble, sí: aún existen) interrumpiendo a Rodríguez Zapatero con una visceral interpelación; un "personaje" como Chávez lanzando críticas obscecadas a cuanto personaje, forma de gobierno u opinón disidente se le cruce por delante; la presidenta Michelle Bachelet tratando de poner orden... y una sarta de mandatarios que poco o nada pudieron o quisieron decir.


La escena, repetida hasta el hartazgo como "el" momento peak de la semana, me hizo reflexionar sobre la calidad del debate cada vez que debemos confromnar opiniones. Muchas veces, no somos capaces de sustentar argumentos sólidos y caemos en la tentadora opción de apelar a descalificaciones personales o ataques directos. Generalmente, es más fácil criticar al otro (o sacar a relucir las debilidades de sus planteamientos) antes que potenciar la visión propia. Eso no es malo, siempre y cuando no se convierta en un vicio, como ocurre con muchos personajes de la política actual.


Los constantes arrebatos pueriles de Chávez no hacen más que confirmar que se deleita denostando las posiciones políticas-sociales-económicas de otros. Este mandatario va por la vida lanzando acusaciones y epítetos, y se ha olvidado siempre de mirar los conflictos internos de su administración y la aplicación de sus "democráticas" políticas. Da lo mismo si es el rey Juan Carlos o quienquiera que sea: lo que cuenta -para él- es la confrontación oprobiosa y, aveces, barata.


Pero esto no es un ataque a Chávez. Es -como decía- una crítica al debate mezquino y falto de ideas. No puede ser que el propio rey Juan Carlos, en un arrebato de patriotismo e ira, haga callar a un mandatario en medio de una sesión formal, pasando a llevar la labor de la presidenta como moderadora. No puede ser que el país y el mundo festine con algo que muestra nuestra poca tolerancia y respeto con el resto de los seres humanos (porque ni siquiera se trata de un trato especial por el cargo que cada uno ocupa en un determinado gobierno).


Hay que hacer más uso del razonamiento y del sentido común. Elaborar un buen argumento puede traer satsifacciones mucho más grandes que enlodar al contrincante. Tener respeto por las instancias de participación ciudadana y democrática es un ejercicio que puede traer muchos beneficios para todos nosotros, que desde el otro lado del televisor, esperamos pacientes a que haya diálogos y acuerdos para que muchas cosas mejoren.

Rodrigo

06 noviembre 2007

´Vuelta de carnero´ de la Iglesia católica

Al paso que voy, lo más probable es que "las altas esferas de la Iglesia católica" se pongan de acuerdo para censurar mi Blog; aunque me queda la esperanza de pensar que ya no estamos en aquellas épocas en las que se intentaba silenciar a los disidentes a través de la horca, la excomunión o la quema de libros. Por otra parte, dudo que algún representante de aquella Santa Entidad se dé el tiempo de leerme... o, mejor dicho, se dé el tiempor para salirse de su Santa Epistemia y tratar de comprender (o respetar) mis opiniones.

Ésta no es la primera vez que escribo con relación a temas de actualidad que atañen a la iglesia. Hace algún tiempo me referí a la anquilosada postura que tenía sobre las campañas que se hacían en Chile (y, por extensión, en el resto del mundo) sobre el correcto uso del condón. Para estar acorde con los tiempos en que tanto se habla de paridad, creo que es el tiempo de abordar esta polémica (un tanto artificial para mi gusto) desde otra perspectiva; y para eso, me aprovecharé de los "dimes-y-diretes" que ha provocado el asunto de la venta/no-venta de la Píldora del día después en las farmacias.

¡Ahora lo recuerdo! No se trata de la vena de la pastillita aquella, sino que de... ¿cómo dijeron los curas (e incluso el Papa, desde su sillón reluciente de oro, en El Vaticano)?... ¡OBJECIÓN DE CONCIENCIA! Uf... gran tema, sobre todo si se analiza desde la no-validez que tiene que la Iglesia intente imponer ese concepto como argumento para que los farmacéuticos que no quieren no vendan la píldora en sus locales.

Cuesta creer cómo una institución que ha podido sobrevivir a través de los siglos (con la consiguiente adquisición de experiencia y conocimiento que esto debiera suponer) siga "pisándose la cola" con temas como éste. No me sorprende que diga que la pastilla es abortiva y que su consumo atenta contra las Leyes de Dios y que blablablá. Personalmente, estoy convencido -mediante un trabajo de investigación personal y periodística- de que no atenta contra ningún ovocito-1 fecundado, así que no me inquieta ese tema...

Lo que me parece irrisorio y un poco hilarante (¿por qué no decirlo?) es que se apele a la objeción de conciencia (ODC). ¡Por Dios! ¿Y qué pasa, entonces, con aquellas mujeres que se desligan del pensamiento canónico y, haciendo uso de su libre albedrío SÍ quieren comprar el compueto, en cualquiere de sus presentaciones? Si pretenden que se entienda como "si estás a favor de la Iglesia, exige la ODC, pero si no... ¡eres un maldito pecador!" creo que están cayendo en un pozo oscuro a gran velocidad. No puede ser que se interpele a los fieles mediante una idea tan antojadiza.

Lo triste es que no se trata sólo de un hecho de evidente inconsecuencia (como cuando condenan la homosexualidad y algunos curas, en las oscuros recovecos de la lascivia, abusan de menores, pagan por servicios sexuales u ocultan sus erecciones bajo la inmaculada sotana negra). Estamos frente a un caso de oportunismo bastante "poco ético" (pongámonos a tono), donde, además, no se está respetando un derecho fundamental de las mujeres.

Cada día agradezco más a Dios que me haya dado la suficiente lucidez emocional y mental como para no pegarme a los preceptos dogmáticos de la Iglesia. Sólo así he podido estar tranquilo, sin contradicciones internas (ni externas) y feliz. ¿No se supone que es eso lo que buscan las religiones? Pues, señores, no se está cumpliendo el objetivo. Habrá que demandar por publicidad engañosa o notable abandono de deberes...

Rodrigo

(Foto: LatinStock)

25 octubre 2007

"La orientación sexual no es una elección"


Sin un afán de hacer "proselitismo sexual" (si puede llamarse de alguna manera), quiero comentar esta información que llega desde la lejana región de Toscana, en Italia. Se trata de una campaña institucional conta la discriminación sexual. La iniciativa está patrocinada por el Ministerio de Igualdad de Oportunidades de dicho país, y consta de la publicación de esta imagen en afiches y pstales de circulación nacional.

Me parece que el eslogan escogido ("la orientación sexual no es una elección") es muy decidor y decisivo. Muchas veces planteé lo mismo a familiares, amigos, colegas y demases en discusiones sobre la homosexualidad. No tan sólo estuve en desacuerdo en denominarla una "condición" (por lo que "orientación" me parece acertado), sino que -además- siempre pretendí que hubiese alguna instancia oficial para pregonarlo. Y si bien no es en Chile, situaciones como ésta, en un contexto de aldea global, puede reforzar ciertas luchas que se desatan en todas partes del mundo.

La fotografía y el concepto detrás de ella no me parece para nada escandaloso, como reclaman las facciones más conservadoras de Italia (y, seguramente, las de Chile y el resto del mundo). Un bebé que no tiene nombre (que es algo impuesto), pero sí una orientación sexual innata. Sin pretensiones de polemizar sobre el origen de la homosexualidad (porque estoy consciente de que hay muchas teorías comprobables y completamente lógicas), concuerdo plenamente con el responsable regional de la campaña, Agostino Fragai, quien ha señalado que "(la homosexualidad) no es un vicio, y por ello no tiene que ser condenada, ni marginada, ni perseguida".

En un mundo tan grande, tan pluralista y heterogéneo, todas las orientaciones deberían ser reconocidas y respetadas por sí mismas (y no en función de la diferencia que se hace con un referente suuestamente dominante o "mayoritario"). La homosexualidad es una de ellas y en la medida que se vaya viendo con naturalidad (y no con el alarmismo al que estamos acostumbrados, sobre todo en Chile), podemos construir una sociedad mejor que nos acepte a todos.

Rodrigo

19 octubre 2007

Elevemos el nivel: ¡Basta de Pamela Díaz y cía.!

En más de una ocasión he pensado "quiero escribir sobre esto". Los carabineros supuestamente dados de baja por homosexuales, la visita de la presidenta Bachelet a El Vaticano, la euforia colectiva que provoca un triunfo de la selección chilena de fútbol, etc. Y a pesar de mis ganas y mi intento por no olvidar aquellos temas que no anoto, no he podido expresar mi opinión a través de este sitio. No es que exista autocensura ni mucho menos; es, simplemente, que no he tenido tiempo ni ganas suficiente para sentarme tranquilo frente al computador...

Así como en el ámbito de la música me considero un personaje ecléctico, también lo soy a la hora de seleccionar los temas sobre los que opino. Me gusta mucho reflexionar sobre política, deportes, ciencia, moda, cine, sociedad, medicina, televisión... Sin embargo, debo reconocer que hay algunos hechos que me motivan mucho más que otro. Es una suerte de alergia que me provocan algunas cosas, cuyo picor sólo se alivia cuando me ´descargo´ a través de este medio. Eso fue -precisamente- lo que me ha pasado al ser testigo de la (mala) clase de televisión de la cual Chile es testigo en el último tiempo.



Acepto que me acusen de reiterativo en mis opiniones. Si mal no recuerdo, he escrito antes sobre el malestar que me provocan ciertas modelos-opinólogas y otro tipo de circunstancias televisivas... Pero los últimos ´round´ que me ha tocado presenciar en programas de farándula son vomitivos. ¡Qué bajo hemos llegado como sociedad! Tanto así, que casi nadie pareciera verse sorprendido -ni mucho menos molesto- al ver que dos mujeres sin profesión ni talento (Pamela Díaz y Daniela Campos) son capaces de lanzarse dardos remojados con eel veneno más barato: el veneno de la vulgaridad, de la simpleza y de la insensatez. Las personas que lo ven se ríen; los canales comentan; los diarios se aseguran portadas... ¿Y qué pasa con nosotros, aquéllos que nos avergonzamos de hechos como estos, que queremos ´patalear´, pero nada podemos hacer?


Encuentro una obscenidad que se le dé tanta pantalla a la señora Díaz. En algún momento se valoró que tuviera las agallas para decir lo que pensaba, y esta muchacha (que ni siquiera lo es tanto, como para poder justificar sus pueriles arrebatos) se cretó el cuento: comenzó a cobrar exorbitantes cifras por su ´trabajo´ y sacó a relucir lo más chabacano de su esencia: la vulgaridad en su máxima expresión. ¿Cómo eso puede darle ráting a un programa?, me pregunté (y aún no lo sigo haciendo). ¿A qué punto llega la estupidez de quienes la señalan como ´mujer de armas tomar´? Ella es, sencillamente, una mujer hedonista y disconforme con su cuerpo cuyo único talento (que no es menor) es ganar dinero a costa de los escándalos del peor nivel.
Antes hubiera escrito que ésta no era una crítica personalizada, pero esta vez quiero ponerle nombre y apellido. ¡Estoy tan avergonzado de que se le siga dandto trribuna ("ventana", "espacio") a esta señora...! Qué poco nos queremos los chilenos que seguimos aguantando que ella ocupe nuestro valioso tiempo con pachotadas de tan bajo estilo, gusto y sobriedad. La discusión que tuvo en pantalla -en vivo- con la ´modelo´ Daniella Campos fue digna del peor de los conventillos con viejas alcahuetas, sin educación ni respeto por la dignidad propia. Sus palabras, expresiones, ´argumentos´ y estrategias de ataque son de una bajeza indescriptible.

Me parece muy bien que se cancelen sus contratos, que le pidan que se retracte y que no se le abran nuevos espacios. Estoy harto de seguir viendo que se le dan oportunidades a gente de un nivel semejante. Las personas que hacen y ven televisión deben entender que existe un mínimo de calidad que debería exigirse en todo lo que se hace, sobre todo cuando es tan bien remunerado económicamente. No nos hace falta contar con este tipo de personajes para validar la libertad de expresión; porque acá no se trata de un problema de lo que dice esta señora, sino que de algo mucho más grave (por lo menos, desde mi punto de vista profesional, que solidariza con el gremio): su presencia, ruin, está desplazando los verdaderos aportes.

Ahora que me he descargado (probablemente, nadie esté de acuerdo conmigo), seguiré -en una próxima actualización- haciendo mi molestar contra estos ´personajes´ televisivos que tanto me molestan o decepcionan. La siguiente en la lista es, sin duda alguna, la señora Pamela Jiles, otrora respetable periodista y hoy convertida en un payaso deslavado y ambiguo que sólo se llena los bolsillos a costa de la vida personal de los famosillos y de trabajos simplistas.

Rodrigo

12 septiembre 2007

Un problema ´de forma´

"Se requiere de diálogo, no de presión; de ideas, no de violencia", precisó la presidenta Bachelet al analizar las manifestacioes del pasado 29 de agosto. No es la primera vez que se refiere en estos términos a la hora de los balances y, por lo mismo, muchos podrían criticar su actitud poco categórica. Los medios no tardaron en reproducir las voces de los organizadores, ávidas de reacciones inmediatas: ¡Que hable de medidas específicas! ¡Que no se vaya por la tangente!
Como seres humanos, tenemos el derecho de expresar lo que sentimos: si estamos contentos, gritamos de felicidad (y nadie puede acallarnos); si hay tisteza, el llanto fuerte y desgarrado puede ser un excelente medio de sanación. Y, por supuesto, si hay disconformidad social, lo más normal del mundo es salir a manifestarse. ¡Claro!, porque estamos en una nación que se autodenomina democrática, donde uno de los pilares para el funcionamiento del Estado es el bienestar de la ciudadanía.

Pero ¿qué pasa cuando en ese legítimo afán se pierde el sentido prístino, sepulatdo bajo un manto de violencia y bandalismo inusitado? ¿Hasta dónde el ciudadano común está consciente de que la práctica democrática consiste, justamente, en la lucha de ideas con fundamento y no en una batalla campal donde sólo tiene cabida el más fuerte, cual si estuviéramos regidos por la Ley de la Selva?


Ver las noticias es en mí una costumbre y, a la vez, un placer. No obstante, ayer me sentí sobrepasado (narcotizado) por la plétora de informaciones que destacaban como ´EL hecho del día´ los actos de violencia desmedida ocurridos en el centro de Santiago. ¿Y qué pasa con el fondo de todo esto? ¿Dónde están los profesionales y las personas que evalúan responsablemente qué se demanda y qué se exige? ¿No se dan cuenta, acaso, que con este tipo de protestas pierde fuerza todo acto que podría significar la reivindicación de las masas organizadas?


Es una lástima que haya este tipo de cultura ciudadana en Chile. Lamentablemente, en nuestro país no se entiende el derecho masivo a expresión si no está ligado con manifestaciones físicas de violencia. Somos ignorantes a la hora de protestar: o nos quedamos sumidos en una pasividad aterradora o salimos a las calles a quemar neumáticos, lanzar artefactos incendiarios y a romper todo lo que esté al alcance. ¡Las épocas donde las hordas con antorcha en mano eran justificadas como método válido (y respetable) de manifestarse ya están obsoletas!


Escribir en tercera-persona-plural no es producto de un capricho. Me siento parte del pueblo chileno; obedezco a su idiosincrasia, aunque no siempre esté de acuerdo con algunos de sus aspectos. Desconocer el modo en que nosotros mismos actuamos sería una suerte de traición a la sangre. Por lo mismo, me duele y me molesta profundamente que actitudes bandálicas como las de ayer nos pongan una etiqueta (interna y también internacional) de un país que no puede resolver sus conflictos de manera civilizada.


Quizás, la sangre de los aguerridos araucanos que se opusieron a la conquista española (cuyos ecos de cultrún se oyen hasta hoy) sea un rasgo que aflora en estos escenarios. Curiosa relación, si se piensa que en Chile no son muchos los que reconocen esta ascendencia indígena (¡¿mapuche... yo?!). Si no, ¿por qué los argentinos, por ejemplo, son capaces de protestar de modo pacífico cuando hay grandes conflictos sociales? He visto con admiración las marchas del silencio, los cacerolazos, las huelgas de manos alzadas... Ellos son capaces de caminar cuadras, de llegar al Palacio de gobierno y levanatr sus pancartas. Quizás sea mi corta edad, pero en este país -mi país- nunca he visto nada similar. ¿Es una cuestión de raza? ¿Pasará en Chile alguna vez? Espero estar vivo y lúcido para descubrirlo.
Rodrigo.
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Columna de opinión publicada en www.elincendio.cl (la escribí el 30 de agosto).

06 septiembre 2007

Infidelidad

Siempre surgen situaciones que, por aquello que llaman "asociación libre", me hacen pensar en ciertos temas. Hoy leí algo y pensé en la infidelidad, pero no en el sentido amplio de la palabra. No me voy a referir a las traiciones que se dan -por ejemplo- en la politica (anoche vi cómo -casi- lloraba Pablo Longueira), sino que a las relacionadas con las relaciones amorosas.

¿Qué es ser infiel? ¿Pensar en otro? ¿Enamorarse de otro? ¿Acceder físicamente a otro (sin sentimiento)? ¿Escribirle una carta a otro? Por más que lo pienso, no logro encontrar una respuesta certera para esas preguntas. Siempre pensé que la primera persona a quien se le debe ser fiel es a uno mismo... pero las relaciones son de a dos, así que eso me limitaría mucho para relacionarme con las personas.

Independientemente de mi situación ´marital´ actual, pienso así: un beso es infidelidad, pero un acercamiento sexual no. Quizás es porque, como las putas, considero que lo sagrado no es lo que se dá sólo por placer (cuerpo), sino aquello que denota una emoción mucho más profunda. Un ósculo, por ejemplo. Muchos han criticado mi postura y han dicho que es sólo una excusa barata para poder acostarme con más personas y no sentirme mal por mi desvergüenza. Yo, sin embargo, lo reafirmo cada vez que alguien me pregunta.

Yo he sido infiel, aunque no siempre lo haya reconocido. En alguas oportunidades me dejé llevar por el impulso y en otras fue una acción completamente consciente. Y a pesar de que puedo hacer esa distinción, no soy capaz de definir qué es lo que llamo infidelidad. ¿Será esa culpa que sentimos cuando sabemos que hay algo que ´no deberíamos hacer´? Si no hay sentimiento de culpa, ¿significa que la infidelidad es menor o está justificada? Por lo menos, eso es lo que me ha pasado a mí.

Pero ¿en algún caso están justificadas las infidelidades? ¿Qué pasa cuando una pareja tiene problemas y opta por el amor o el sexo con otroa? ¿Qué ocurre con aquellos que no se atreven a poner fin a una relación y prefieren seguir viviendo en un mundo ficticio o maquillado para no hacer daño o sufrir? Lo lógico sería que, en caso de que ´algo´ no esté funcionando, se conversen las cosas, para buscar soluciones. ¿Y si no las hay? ¿No es mejor terminar todo y tener contactos ´con todas la de la ley´ (soltero con soltero)?

¿Hay alguien que no sea infiel o no lo haya sido alguna vez? Creo que no. Todos en algún momento de nuestra vida hemos caído frente a la tentación de hacer algo prohibido, aunque no necesariamente estemos inspirados por el placer en sí, sino que por la adrenalina que produce. La curiosidad es un acto (un derecho y un deber) humano y no podemos ignorarla. Si sentimos el llamado de las hormonas y del corazón, ¿hasta qué punto hacerle caso?

¿Cuál es el ´remedio´ contra la infidelidad? ¿El amor? Personalmente, pienso que sí. Sólo cuando existe la real convicción de que no necesitamos porbar más (porque lo hemos probado antes), podemos estar seguros de que hay menos posibilidades de ser infiel. En las relaciones de pareja, un buen antídoto podría ser -también- llevar una vida que rompa con la monotonía. Supongo que nos acostumbramos a cierto ritmo y, de vez en cuando, nos sentimos propensos a querer quebrarla.

La infidelidad es un tema del que debería hablarse más en las parejas. No en un afán de buscar culpables o quemar en la hoguers a quienes nos han deshonrado en el amor que decían sentir. No. Se trata de un ejercicio muy útil para ´tantear el terreno´ y así saber cómo actuar frente a las distintas experiencias que la vida vaya poniendo. No quiero decir con esto que en las relaciones vaya a existir, necesariamente, un quiebre por culpa de una traición de este tipo. Sólo digo que es bueno hablarlo. Porque está claro que mientras más se escondan las cosas, más tentados a experimentarlas nos sentimos.

Yo no condeno la infideliad por sí misma. Cada quién sabe por qué lo hace y en qué momento. Lo que sí me molesta (y esto obedece a lo poco tolerante que suelo ser a veces) son los discursos inconsecuentes; aquellas personas que predican una vida de castidad y pureza absoluta, condenando con las penas del infierno a quienes ´han caido en tentación´... pero que en más de una ocasión han tenido sus deslices... Si hay un tejado de vidrio que puede destruirnos buena parte del cuerpo, lo mejor en estos casos es quedarse bien callados.

Rodrigo
(foto: LatinStock)

03 septiembre 2007

Mis amigos

Mis amigos son mucho más que personas con quien puedo escribirme 100 mails en menos de un día. Por muy anecdótico que parezca ese dato, no es lo que más valoro de ellos.

Pero ¿quiénes son realmente mis amigos? Porque todo el mundo siempre se refiere con palabras bonitas (o ´de cortesía´) a las personas que nos simpatizan, que nos caen bien o nos gustan por algo especial. Y de ese gran conjunto, a la hora del recuento final siempre nos damos cuenta de que la amistad a veces se prostituye en pos del contacto rápido o de la lucha de egos en páginas de diaria retroalimentación. ¿Cuántas veces, por ejemplo, no hemos leído "Hola amigo... pasaba por acá y te dejé un saludo..."?

Mis amigos son pocos. Son aquéllos que, de una u otra manera, han ido creciendo conmigos, superando etapas. Son quienes me han visto reír, llorar, caerme y levantarme. Mis amigos son todos aquellos con quien puedo confiar. Todos aquellos que, a la vez, se interesan por las cosas que me pasan. Mis amigos me tienen confianza. Me cunentan sus cosas y esperan con interés saber lo que pienso al respecto. Son todos aquellos que "se la juegan" cuando los necesito. Todos aquellos que están ahí cuando los llamo. Mis amigos me conocen: saben qué me gusta y lo que no. Conocen mi pasado, respetan mi presente y anhelan un buen futuro. Mis amigos son más que simples aliados: son cómplices, hermanos... mi familia elegida.


El pasado fin de semana viajé a La Serena, junto a dos inseparables amigas: Andreíta y Lobos. Nunca habíamos tenido la oportunidad de hacer este tipo de cosas. ¿El motivo de tal travesía?: el cumpleaños de Loreto, amiga entrañable de la U, que por diversos motivos se fue a trabajar a esos lares. Ella nos invitó a su fiesta y nosotros accedimos gustosos. No era por el glamour del evento ni tampoco por conocer a las más de 100 personas que allí se congregaron. No lo hicimos para lucirnos ni para quedar bien con ella. No. Cada uno de nosotros sintió muy dentro de sí un llamado especial que decía "acompaña a la Toto en este momento". Así fue como tomamos nuestros bártulos y emprendimos rumbo a la tierra de las papayas.

Llegamos como una delegación (en representación de todos los que sintieron como nosotros, pero por diversos motivos no pudieron acompañarno). Sentimos inmediatamente el calor y el agradecimiento de nuestra amiga. Una sonrisa, una palabra de felicidad, un abrazo... todo sirvió para demostrar que los lazos estrán siempre; no importa el tiempo y la distancia: lo que se ha formado entre nosotros, los verdaderos amigos, se mantendrá firme. Yo sentí eso apenas pude ver a la Loreto, quien, entre tantas cosas que debía organizar, se dio el tiempo para compartir con nosotros.


Fue una instancia especial. Me sentí bien, aliviado y feliz (a pesar de que echaba de menos a mi novio). En un escenario distinto (otra ciudad, otras gentes...) estábamos 3 personajes viñamarinos haciendo feliz a una de nuestras amigas. Y eso se sintió. Me gustó que fuéramos capaces de aperrar y decirnos cuánto nos queremos y nos apoyamos mutuamente. Me gustó sentir que el cansancio del viaje había valido la pena sólo para decir un "feliz cumpleaños" personalmente. Me gustó sentir la confianza, las risas... todo.

Fue una bonita experiencia que me llenó de energías. La sensación que tuve fue en extremo placentera y me dio el impulso para sentirme satisfecho por las elecciones que he hecho en mi vida. No es que no lo haya reconocido antes, pero ¡hay que ver que tengo buenos amigos! Y ojo, que esto que escribo ahora es sólo un caso particular. En esta opiortunidad, fueron Andrea, Carola y Toto las que me inspiraron... pero agradezco a la vida la posibilidad de contar con un par de personas más que, leyendo esto, van a poder sentirse parte de lo que describo. Para ellos, un abrazo grande, lleno del más inmenso amor que tengo para ustedes.

Rodrigo