Mis amigos son pocos. Son aquéllos que, de una u otra manera, han ido creciendo conmigos, superando etapas. Son quienes me han visto reír, llorar, caerme y levantarme. Mis amigos son todos aquellos con quien puedo confiar. Todos aquellos que, a la vez, se interesan por las cosas que me pasan. Mis amigos me tienen confianza. Me cunentan sus cosas y esperan con interés saber lo que pienso al respecto. Son todos aquellos que "se la juegan" cuando los necesito. Todos aquellos que están ahí cuando los llamo. Mis amigos me conocen: saben qué me gusta y lo que no. Conocen mi pasado, respetan mi presente y anhelan un buen futuro. Mis amigos son más que simples aliados: son cómplices, hermanos... mi familia elegida.
El pasado fin de semana viajé a La Serena, junto a dos inseparables amigas: Andreíta y Lobos. Nunca habíamos tenido la oportunidad de hacer este tipo de cosas. ¿El motivo de tal travesía?: el cumpleaños de Loreto, amiga entrañable de la U, que por diversos motivos se fue a trabajar a esos lares. Ella nos invitó a su fiesta y nosotros accedimos gustosos. No era por el glamour del evento ni tampoco por conocer a las más de 100 personas que allí se congregaron. No lo hicimos para lucirnos ni para quedar bien con ella. No. Cada uno de nosotros sintió muy dentro de sí un llamado especial que decía "acompaña a la Toto en este momento". Así fue como tomamos nuestros bártulos y emprendimos rumbo a la tierra de las papayas.
Llegamos como una delegación (en representación de todos los que sintieron como nosotros, pero por diversos motivos no pudieron acompañarno). Sentimos inmediatamente el calor y el agradecimiento de nuestra amiga. Una sonrisa, una palabra de felicidad, un abrazo... todo sirvió para demostrar que los lazos estrán siempre; no importa el tiempo y la distancia: lo que se ha formado entre nosotros, los verdaderos amigos, se mantendrá firme. Yo sentí eso apenas pude ver a la Loreto, quien, entre tantas cosas que debía organizar, se dio el tiempo para compartir con nosotros.
Fue una instancia especial. Me sentí bien, aliviado y feliz (a pesar de que echaba de menos a mi novio). En un escenario distinto (otra ciudad, otras gentes...) estábamos 3 personajes viñamarinos haciendo feliz a una de nuestras amigas. Y eso se sintió. Me gustó que fuéramos capaces de aperrar y decirnos cuánto nos queremos y nos apoyamos mutuamente. Me gustó sentir que el cansancio del viaje había valido la pena sólo para decir un "feliz cumpleaños" personalmente. Me gustó sentir la confianza, las risas... todo.
Fue una bonita experiencia que me llenó de energías. La sensación que tuve fue en extremo placentera y me dio el impulso para sentirme satisfecho por las elecciones que he hecho en mi vida. No es que no lo haya reconocido antes, pero ¡hay que ver que tengo buenos amigos! Y ojo, que esto que escribo ahora es sólo un caso particular. En esta opiortunidad, fueron Andrea, Carola y Toto las que me inspiraron... pero agradezco a la vida la posibilidad de contar con un par de personas más que, leyendo esto, van a poder sentirse parte de lo que describo. Para ellos, un abrazo grande, lleno del más inmenso amor que tengo para ustedes.












