21 diciembre 2007

"Como tubo de escape" (Victoria sic)


¿Hasta dónde son acertados los comentarios que podemos hacer sobre la pareja? ¿Cuál es el límite entre el respeto por la intimidad y la extraversión? ¿Es una muestra de amistad compartir nuestros más siniestros deseos y secretos con las personas de más confianza?

Estas reflexiones al más puro estilo de Carrie Bradshow me surgieron luego de leer en diversos medios las declaraciones que hizo la otrora posh Spice, Victoria Addams de Beckham. Sin duda, ella se caracteriza por la explotación de su imagen chic-sexy y por la interminable lista de declaraciones o comentarios que obedecen a la lógica "lo pienso, lo digo". ¿Cómo olvidar cuando dijo "Cuando llegué a Japón me llamó la atención que hubiese tantos japoneses"?

Pero esta vez no es sólo ella quien está en el ojo del huracán (aunque, pensándolo en perspectiva, esto es solo una noticia sabrosa, pero sin trascendencia para la humanidad). Esta vez involucró a su cónyuge en una polémica que -sin duda- tiene mucho mayor trascendencia para mujeres heterosexuales y hombres gays que para los amantes del fútbol.


Tras la publicación de las primeras fotografías del futbolista inglés para la multinacional de la moda Armani, surgió una serie de comentarios que ponían en duda la veracidad de su abultada entrepierna tras aquellos calzoncillos blancos (en la foto). Algunos insinuaron la utilización de PhotoShop y otros, más prácticos, defendieron la teoría "del calcetín", lo cual sería bastante poco elegante -por decir lo menos-, considerando la exhorbitante cantidad de dinero que le pagaron por esta publicidad.

Yo tengo mi propia teoría, pero la compartiré en otra oportunidad.

Así como está, creo que la foto vende por sí misma. Es obvio: ¡se trata de un comercial de ropa interior! ¿Quién pensaría en poner un modelo a quien no se le marque nada? Con o sin intervención, Beckham es una marca que se vende por sí misma y no necesita de polémicas extra para estar siempre presente en el colectivo de la moda, el deporte... y la belleza.

Lo que quiero comentar es mi sorpresa y diversión al saber que Victoria se pronunció al respecto, diciendo que "se siente orgullosa del ritmo sexual que tiene con David". Acto seguido, y sin decir "¡agua va!", se mandó unas declaraciones para el bronce: "Él está muy bien proporcionado. Se puede ver en las fotos. ¡La tiene como el tubo de escape de un camión!".

¡Cómo dice eso! (y ojo, que no es censura). Es sólo que, haciendo honor al funcionamiento de la mente humana, eso da para pensar... Así como si ella tuviera la necesidad de salir a defender al pobre David, para que no duden de su "virilidad" (lo cual es una soberana estupidez). Y, por último... ¿no tendrá una pequeña distorsión en las proporciones la señora Beckham? Porque si en verdad lo tiene como dice que lo tiene, ¡Dios la proteja!

Rodrigo

30 noviembre 2007

VIGOREXIA





OBSESIÓN POR EL GIMNASIO

La vigorexia se define como un trastorno sicológico que se manifiesta en la excesiva práctica de deporte y de rutinas en el gimnasio; todo con el fin de procurar la belleza y la ´perfección´ física.


Por Rodrigo Zavala M.



Actualmente, las enfermedades de orden sicológico están cada vez más presentes. Esto se debe a las exigencias de la vida diaria y al contexto sociocultural en el que las personas se desarollan. Desde esta perspectiva, es posible explicar la vigorexia (también conocida como "complejo de Adonis"), que surge producto de una sociedad competitiva donde el culto a la imagen es cada vez más importante.

La vigorexia fue diagnosticada por primera vez en Estados Unidos, a comienzo de la década de los 80, pero no fue sino hasta los años 90 cuando se dio con mayor fuerza en la sociedad occidental; en el último tiempo, se han multiplicado los casos diagnosticados por especialistas.

Este trastorno -generalmente- afecta a hombres que buscan tener un cuerpo tonificado a extremos a veces exagerados. Con el fin de lograr ese objetivo, se da paso a una sobreexigencia en las rutinas de ejercicio, sobre todo en los gimnasios, lugar donde los vigoréxicos pueden estar gran parte del día, sin descanso.

DESORDEN EMOCIONAL

La vigorexia se caracteriza por una necesidad cada vez mayor de hacer deporte y por la aparición de síntomas físicos (fatiga) y sicológicos (ansiedad). Las personas que la padecen sienten un impulso irresistible de seguir ejercitándose, incluso cuando están lesionados, cansados o deben cumplir con algunos compromisos familiares, laborales, etcétera.

En términos médicos, la vigorexia se califica como un desorden síquico-emocional que tiene relación con la percepción distorsionada de las características físicas, de modo similar a lo que sucede con la anorexia. Sin embargo, esta lógica se manifiesta de modo inverso: la persona afectada siempre se ve débil y nunca llega a estar conforme con el resultado de sus ejercicios.

PROBLEMAS FÍSICOS

Este trastorno causa problemas físicos y estéticos: hay una desproporción evidente entre cuerpo y cabeza, problemas óseos y articulares (debido al peso extra que tiene que soportar el esqueleto), falta de agilidad y acortamiento de músculos y tendones.

La vida de estas personas gira en torno al cuidado de su cuerpo; al mismo tiempo, la dieta se regula de forma minuciosa, se eliminan las grasas y se consumen proteínas o hidratos de carbono -en muchos casos, artificiales- en exceso, lo que lleva al hígado a desempeñar un trabajo extra.

Este desorden metabólico, por lo general, se une al consumo de esteroides y anabolizantes, con el fin de acelerar el crecimiento de los músculos. La ingesta de estas sustancias aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, lesiones hepáticas, disfunciones eréctiles y genera mayor propensión a padecer cáncer de próstata.

TRATAMIENTOS

En lo que se refiere al tratamiento, prácticamente no hay diferencias con la anorexia o la bulimia. Siempre se requiere de la ayuda de un especialista (sicólogo, siquiatra, nutricionista) que determine las causas internas que llevan a la persona a practicar ejercicio en exceso. Luego de eso, debe existir una regularización de la exigencia muscular y en la alimentación.

Los expertos coinciden en que el el principal riesgo para los afectados de vigorexia es la falta de control con la que hacen ejercicio. La persona que decide hacer deporte, debe tener una programación antes de entrar en el gimnasio, saber cuáles son los objetivos primordiales y el nivel con el que cada uno comienza la actividad; por lo mismo, se recomienda ponerse en manos de un entrenador.

Además, se insta a las personas a reconocer cuándo están en presencia de un cuadro vigoréxico. Es decir, consultar con un especialista frente a cualquier síntoma de alarma, como fatiga, cansancio o algún dolor muscular... no con un amigo o compañero de gimnasio.

13 noviembre 2007

¿Por qué no se callan?

La XVII Cumbre Iberoamericana ocurrió en Santiago y yo casi ni me entero, de no ser por las noticias en diarios, radios y diarios. La semana pasada -como nunca- hice sólo trayectos bajo tierra, en un Metro atestado de personas, y no tuve la oportunidad de ser testigo de vallas, protestas, contingente policial ni autos blindados.


A pesar de esta pseudo desconexión del mundo real, me interesé por algunos pormenores del encuentro: datos insípidos como el color de la ropa de la presidenta electa de Argentina, detalles del chilenísimo menú que se sirvieron en la cena de honor y uno que otro tema importante abordado entre los mandatarios.


Sin embargo, lo que más ha causado polémica no ocurrió sino hasta el final de la cumbre, justo en el día de clausura. Cuando todo parecía haber concluido bien, todos fuimos testigos del encuentro verbal entre el rey Juan Carlos de España y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez.


"¿¡Por qué no te callas?!", dijo el monarca a Chávez, en una acalorada defensa a la honra de el ex jefe de Gobierno hispano, José María Aznar. La interrupción, por cierto, no calló las críticas del mandatario venezolano, pero sí generó tal nivel de impacto que hasta el día de hoy la frase da vueltas al mundo.


Todos estaban desconcertados: el Rey (aunque suene incríble, sí: aún existen) interrumpiendo a Rodríguez Zapatero con una visceral interpelación; un "personaje" como Chávez lanzando críticas obscecadas a cuanto personaje, forma de gobierno u opinón disidente se le cruce por delante; la presidenta Michelle Bachelet tratando de poner orden... y una sarta de mandatarios que poco o nada pudieron o quisieron decir.


La escena, repetida hasta el hartazgo como "el" momento peak de la semana, me hizo reflexionar sobre la calidad del debate cada vez que debemos confromnar opiniones. Muchas veces, no somos capaces de sustentar argumentos sólidos y caemos en la tentadora opción de apelar a descalificaciones personales o ataques directos. Generalmente, es más fácil criticar al otro (o sacar a relucir las debilidades de sus planteamientos) antes que potenciar la visión propia. Eso no es malo, siempre y cuando no se convierta en un vicio, como ocurre con muchos personajes de la política actual.


Los constantes arrebatos pueriles de Chávez no hacen más que confirmar que se deleita denostando las posiciones políticas-sociales-económicas de otros. Este mandatario va por la vida lanzando acusaciones y epítetos, y se ha olvidado siempre de mirar los conflictos internos de su administración y la aplicación de sus "democráticas" políticas. Da lo mismo si es el rey Juan Carlos o quienquiera que sea: lo que cuenta -para él- es la confrontación oprobiosa y, aveces, barata.


Pero esto no es un ataque a Chávez. Es -como decía- una crítica al debate mezquino y falto de ideas. No puede ser que el propio rey Juan Carlos, en un arrebato de patriotismo e ira, haga callar a un mandatario en medio de una sesión formal, pasando a llevar la labor de la presidenta como moderadora. No puede ser que el país y el mundo festine con algo que muestra nuestra poca tolerancia y respeto con el resto de los seres humanos (porque ni siquiera se trata de un trato especial por el cargo que cada uno ocupa en un determinado gobierno).


Hay que hacer más uso del razonamiento y del sentido común. Elaborar un buen argumento puede traer satsifacciones mucho más grandes que enlodar al contrincante. Tener respeto por las instancias de participación ciudadana y democrática es un ejercicio que puede traer muchos beneficios para todos nosotros, que desde el otro lado del televisor, esperamos pacientes a que haya diálogos y acuerdos para que muchas cosas mejoren.

Rodrigo

06 noviembre 2007

´Vuelta de carnero´ de la Iglesia católica

Al paso que voy, lo más probable es que "las altas esferas de la Iglesia católica" se pongan de acuerdo para censurar mi Blog; aunque me queda la esperanza de pensar que ya no estamos en aquellas épocas en las que se intentaba silenciar a los disidentes a través de la horca, la excomunión o la quema de libros. Por otra parte, dudo que algún representante de aquella Santa Entidad se dé el tiempo de leerme... o, mejor dicho, se dé el tiempor para salirse de su Santa Epistemia y tratar de comprender (o respetar) mis opiniones.

Ésta no es la primera vez que escribo con relación a temas de actualidad que atañen a la iglesia. Hace algún tiempo me referí a la anquilosada postura que tenía sobre las campañas que se hacían en Chile (y, por extensión, en el resto del mundo) sobre el correcto uso del condón. Para estar acorde con los tiempos en que tanto se habla de paridad, creo que es el tiempo de abordar esta polémica (un tanto artificial para mi gusto) desde otra perspectiva; y para eso, me aprovecharé de los "dimes-y-diretes" que ha provocado el asunto de la venta/no-venta de la Píldora del día después en las farmacias.

¡Ahora lo recuerdo! No se trata de la vena de la pastillita aquella, sino que de... ¿cómo dijeron los curas (e incluso el Papa, desde su sillón reluciente de oro, en El Vaticano)?... ¡OBJECIÓN DE CONCIENCIA! Uf... gran tema, sobre todo si se analiza desde la no-validez que tiene que la Iglesia intente imponer ese concepto como argumento para que los farmacéuticos que no quieren no vendan la píldora en sus locales.

Cuesta creer cómo una institución que ha podido sobrevivir a través de los siglos (con la consiguiente adquisición de experiencia y conocimiento que esto debiera suponer) siga "pisándose la cola" con temas como éste. No me sorprende que diga que la pastilla es abortiva y que su consumo atenta contra las Leyes de Dios y que blablablá. Personalmente, estoy convencido -mediante un trabajo de investigación personal y periodística- de que no atenta contra ningún ovocito-1 fecundado, así que no me inquieta ese tema...

Lo que me parece irrisorio y un poco hilarante (¿por qué no decirlo?) es que se apele a la objeción de conciencia (ODC). ¡Por Dios! ¿Y qué pasa, entonces, con aquellas mujeres que se desligan del pensamiento canónico y, haciendo uso de su libre albedrío SÍ quieren comprar el compueto, en cualquiere de sus presentaciones? Si pretenden que se entienda como "si estás a favor de la Iglesia, exige la ODC, pero si no... ¡eres un maldito pecador!" creo que están cayendo en un pozo oscuro a gran velocidad. No puede ser que se interpele a los fieles mediante una idea tan antojadiza.

Lo triste es que no se trata sólo de un hecho de evidente inconsecuencia (como cuando condenan la homosexualidad y algunos curas, en las oscuros recovecos de la lascivia, abusan de menores, pagan por servicios sexuales u ocultan sus erecciones bajo la inmaculada sotana negra). Estamos frente a un caso de oportunismo bastante "poco ético" (pongámonos a tono), donde, además, no se está respetando un derecho fundamental de las mujeres.

Cada día agradezco más a Dios que me haya dado la suficiente lucidez emocional y mental como para no pegarme a los preceptos dogmáticos de la Iglesia. Sólo así he podido estar tranquilo, sin contradicciones internas (ni externas) y feliz. ¿No se supone que es eso lo que buscan las religiones? Pues, señores, no se está cumpliendo el objetivo. Habrá que demandar por publicidad engañosa o notable abandono de deberes...

Rodrigo

(Foto: LatinStock)

25 octubre 2007

"La orientación sexual no es una elección"


Sin un afán de hacer "proselitismo sexual" (si puede llamarse de alguna manera), quiero comentar esta información que llega desde la lejana región de Toscana, en Italia. Se trata de una campaña institucional conta la discriminación sexual. La iniciativa está patrocinada por el Ministerio de Igualdad de Oportunidades de dicho país, y consta de la publicación de esta imagen en afiches y pstales de circulación nacional.

Me parece que el eslogan escogido ("la orientación sexual no es una elección") es muy decidor y decisivo. Muchas veces planteé lo mismo a familiares, amigos, colegas y demases en discusiones sobre la homosexualidad. No tan sólo estuve en desacuerdo en denominarla una "condición" (por lo que "orientación" me parece acertado), sino que -además- siempre pretendí que hubiese alguna instancia oficial para pregonarlo. Y si bien no es en Chile, situaciones como ésta, en un contexto de aldea global, puede reforzar ciertas luchas que se desatan en todas partes del mundo.

La fotografía y el concepto detrás de ella no me parece para nada escandaloso, como reclaman las facciones más conservadoras de Italia (y, seguramente, las de Chile y el resto del mundo). Un bebé que no tiene nombre (que es algo impuesto), pero sí una orientación sexual innata. Sin pretensiones de polemizar sobre el origen de la homosexualidad (porque estoy consciente de que hay muchas teorías comprobables y completamente lógicas), concuerdo plenamente con el responsable regional de la campaña, Agostino Fragai, quien ha señalado que "(la homosexualidad) no es un vicio, y por ello no tiene que ser condenada, ni marginada, ni perseguida".

En un mundo tan grande, tan pluralista y heterogéneo, todas las orientaciones deberían ser reconocidas y respetadas por sí mismas (y no en función de la diferencia que se hace con un referente suuestamente dominante o "mayoritario"). La homosexualidad es una de ellas y en la medida que se vaya viendo con naturalidad (y no con el alarmismo al que estamos acostumbrados, sobre todo en Chile), podemos construir una sociedad mejor que nos acepte a todos.

Rodrigo

19 octubre 2007

Elevemos el nivel: ¡Basta de Pamela Díaz y cía.!

En más de una ocasión he pensado "quiero escribir sobre esto". Los carabineros supuestamente dados de baja por homosexuales, la visita de la presidenta Bachelet a El Vaticano, la euforia colectiva que provoca un triunfo de la selección chilena de fútbol, etc. Y a pesar de mis ganas y mi intento por no olvidar aquellos temas que no anoto, no he podido expresar mi opinión a través de este sitio. No es que exista autocensura ni mucho menos; es, simplemente, que no he tenido tiempo ni ganas suficiente para sentarme tranquilo frente al computador...

Así como en el ámbito de la música me considero un personaje ecléctico, también lo soy a la hora de seleccionar los temas sobre los que opino. Me gusta mucho reflexionar sobre política, deportes, ciencia, moda, cine, sociedad, medicina, televisión... Sin embargo, debo reconocer que hay algunos hechos que me motivan mucho más que otro. Es una suerte de alergia que me provocan algunas cosas, cuyo picor sólo se alivia cuando me ´descargo´ a través de este medio. Eso fue -precisamente- lo que me ha pasado al ser testigo de la (mala) clase de televisión de la cual Chile es testigo en el último tiempo.



Acepto que me acusen de reiterativo en mis opiniones. Si mal no recuerdo, he escrito antes sobre el malestar que me provocan ciertas modelos-opinólogas y otro tipo de circunstancias televisivas... Pero los últimos ´round´ que me ha tocado presenciar en programas de farándula son vomitivos. ¡Qué bajo hemos llegado como sociedad! Tanto así, que casi nadie pareciera verse sorprendido -ni mucho menos molesto- al ver que dos mujeres sin profesión ni talento (Pamela Díaz y Daniela Campos) son capaces de lanzarse dardos remojados con eel veneno más barato: el veneno de la vulgaridad, de la simpleza y de la insensatez. Las personas que lo ven se ríen; los canales comentan; los diarios se aseguran portadas... ¿Y qué pasa con nosotros, aquéllos que nos avergonzamos de hechos como estos, que queremos ´patalear´, pero nada podemos hacer?


Encuentro una obscenidad que se le dé tanta pantalla a la señora Díaz. En algún momento se valoró que tuviera las agallas para decir lo que pensaba, y esta muchacha (que ni siquiera lo es tanto, como para poder justificar sus pueriles arrebatos) se cretó el cuento: comenzó a cobrar exorbitantes cifras por su ´trabajo´ y sacó a relucir lo más chabacano de su esencia: la vulgaridad en su máxima expresión. ¿Cómo eso puede darle ráting a un programa?, me pregunté (y aún no lo sigo haciendo). ¿A qué punto llega la estupidez de quienes la señalan como ´mujer de armas tomar´? Ella es, sencillamente, una mujer hedonista y disconforme con su cuerpo cuyo único talento (que no es menor) es ganar dinero a costa de los escándalos del peor nivel.
Antes hubiera escrito que ésta no era una crítica personalizada, pero esta vez quiero ponerle nombre y apellido. ¡Estoy tan avergonzado de que se le siga dandto trribuna ("ventana", "espacio") a esta señora...! Qué poco nos queremos los chilenos que seguimos aguantando que ella ocupe nuestro valioso tiempo con pachotadas de tan bajo estilo, gusto y sobriedad. La discusión que tuvo en pantalla -en vivo- con la ´modelo´ Daniella Campos fue digna del peor de los conventillos con viejas alcahuetas, sin educación ni respeto por la dignidad propia. Sus palabras, expresiones, ´argumentos´ y estrategias de ataque son de una bajeza indescriptible.

Me parece muy bien que se cancelen sus contratos, que le pidan que se retracte y que no se le abran nuevos espacios. Estoy harto de seguir viendo que se le dan oportunidades a gente de un nivel semejante. Las personas que hacen y ven televisión deben entender que existe un mínimo de calidad que debería exigirse en todo lo que se hace, sobre todo cuando es tan bien remunerado económicamente. No nos hace falta contar con este tipo de personajes para validar la libertad de expresión; porque acá no se trata de un problema de lo que dice esta señora, sino que de algo mucho más grave (por lo menos, desde mi punto de vista profesional, que solidariza con el gremio): su presencia, ruin, está desplazando los verdaderos aportes.

Ahora que me he descargado (probablemente, nadie esté de acuerdo conmigo), seguiré -en una próxima actualización- haciendo mi molestar contra estos ´personajes´ televisivos que tanto me molestan o decepcionan. La siguiente en la lista es, sin duda alguna, la señora Pamela Jiles, otrora respetable periodista y hoy convertida en un payaso deslavado y ambiguo que sólo se llena los bolsillos a costa de la vida personal de los famosillos y de trabajos simplistas.

Rodrigo

12 septiembre 2007

Un problema ´de forma´

"Se requiere de diálogo, no de presión; de ideas, no de violencia", precisó la presidenta Bachelet al analizar las manifestacioes del pasado 29 de agosto. No es la primera vez que se refiere en estos términos a la hora de los balances y, por lo mismo, muchos podrían criticar su actitud poco categórica. Los medios no tardaron en reproducir las voces de los organizadores, ávidas de reacciones inmediatas: ¡Que hable de medidas específicas! ¡Que no se vaya por la tangente!
Como seres humanos, tenemos el derecho de expresar lo que sentimos: si estamos contentos, gritamos de felicidad (y nadie puede acallarnos); si hay tisteza, el llanto fuerte y desgarrado puede ser un excelente medio de sanación. Y, por supuesto, si hay disconformidad social, lo más normal del mundo es salir a manifestarse. ¡Claro!, porque estamos en una nación que se autodenomina democrática, donde uno de los pilares para el funcionamiento del Estado es el bienestar de la ciudadanía.

Pero ¿qué pasa cuando en ese legítimo afán se pierde el sentido prístino, sepulatdo bajo un manto de violencia y bandalismo inusitado? ¿Hasta dónde el ciudadano común está consciente de que la práctica democrática consiste, justamente, en la lucha de ideas con fundamento y no en una batalla campal donde sólo tiene cabida el más fuerte, cual si estuviéramos regidos por la Ley de la Selva?


Ver las noticias es en mí una costumbre y, a la vez, un placer. No obstante, ayer me sentí sobrepasado (narcotizado) por la plétora de informaciones que destacaban como ´EL hecho del día´ los actos de violencia desmedida ocurridos en el centro de Santiago. ¿Y qué pasa con el fondo de todo esto? ¿Dónde están los profesionales y las personas que evalúan responsablemente qué se demanda y qué se exige? ¿No se dan cuenta, acaso, que con este tipo de protestas pierde fuerza todo acto que podría significar la reivindicación de las masas organizadas?


Es una lástima que haya este tipo de cultura ciudadana en Chile. Lamentablemente, en nuestro país no se entiende el derecho masivo a expresión si no está ligado con manifestaciones físicas de violencia. Somos ignorantes a la hora de protestar: o nos quedamos sumidos en una pasividad aterradora o salimos a las calles a quemar neumáticos, lanzar artefactos incendiarios y a romper todo lo que esté al alcance. ¡Las épocas donde las hordas con antorcha en mano eran justificadas como método válido (y respetable) de manifestarse ya están obsoletas!


Escribir en tercera-persona-plural no es producto de un capricho. Me siento parte del pueblo chileno; obedezco a su idiosincrasia, aunque no siempre esté de acuerdo con algunos de sus aspectos. Desconocer el modo en que nosotros mismos actuamos sería una suerte de traición a la sangre. Por lo mismo, me duele y me molesta profundamente que actitudes bandálicas como las de ayer nos pongan una etiqueta (interna y también internacional) de un país que no puede resolver sus conflictos de manera civilizada.


Quizás, la sangre de los aguerridos araucanos que se opusieron a la conquista española (cuyos ecos de cultrún se oyen hasta hoy) sea un rasgo que aflora en estos escenarios. Curiosa relación, si se piensa que en Chile no son muchos los que reconocen esta ascendencia indígena (¡¿mapuche... yo?!). Si no, ¿por qué los argentinos, por ejemplo, son capaces de protestar de modo pacífico cuando hay grandes conflictos sociales? He visto con admiración las marchas del silencio, los cacerolazos, las huelgas de manos alzadas... Ellos son capaces de caminar cuadras, de llegar al Palacio de gobierno y levanatr sus pancartas. Quizás sea mi corta edad, pero en este país -mi país- nunca he visto nada similar. ¿Es una cuestión de raza? ¿Pasará en Chile alguna vez? Espero estar vivo y lúcido para descubrirlo.
Rodrigo.
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Columna de opinión publicada en www.elincendio.cl (la escribí el 30 de agosto).