18 abril 2007

Apadrina una palabra



Escuchando mi programa favorito del dial, Sandía (radio Concierto, a las 13:10 hrs.), me enteré de algo que me interesó mucho. Las personas que, como yo, son amantes de la escritura y del lenguaje en general, podrían verse motivdas a participar de la iniciativa que explico a continuación.

Se trata de una suerte de campaña on line (http://www.escueladeescritores.com/apadrina-una-palabra), que invita a "apadrinar" una palabra en vías de extinción. En el mundo actual, en que cada cuál habla como se le da la gana y no respeta ninguna figura correcta, resulta necesario no olvidar aquellos términos "raros", "difíciles", "rebuscados" o "cuáticos".

Reproduczo, a continuación, parte del llamado del que me he hecho partícipe:




Chigre, balde, tendal, bochinche, gaznápiro, trápala... Nos van faltando dedos para señalar todas esas cosas que se convierten en espectros del pasado porque la palabra que las nombra desaparece.


La Escuela de Escritores y la Escola d'Escriptura del Ateneo de Barcelona quieren celebrar el Día del Libro proponiéndote una labor de amor a la lengua: apadrinar palabras en vías de extinción o, para predicar con el ejemplo y rescatar del desuso el término exacto que las designa, palabras obsolescentes.


Todos, quien más, quien menos, tenemos alguna palabra asociada al corazón, adscrita a la memoria, eco de nuestra infancia. Chiquilicuatre, locatigüisquis, pintiparado. Una palabra que hace años que no oyes y sin embargo te pertenece. Saltimbanqui, querubín, cáspita. Una palabra que, desde luego, no consentirías que nadie te arrebatase. Abarloar, organdí, zarzaparrilla. Una palabra, al fin, que te gustaría que siguiera viva cuando ya no estés.


Queremos que nos ayudes a salvar el mayor número posible de esas palabras amenazadas por la pobreza léxica, barridas por el lenguaje políticamente correcto, sustituidas por una tecnocracia lingüística que convierte en "técnicos de superficie" a los barrenderos de toda la vida o perseguidas por extranjerismos furtivos que nos fuerzan a hacer 'outsourcing' de recursos en lugar de subcontratar gente.



Yo apadriné la palabra "zarrapastroso", porque la encuentro demasiado potente. En sí misma, ya encierra lo que define la Real Academia Española (institución que, por cierto, también me genera ciertas aprehensiones con algunos términos; pero eso es otra cosa, digna de analizar en otra oportunidad): Dicho de una persona: Despreciable.


Sin embargo, también tuve (y tengo aún) intenciones de apadrinar otras, tales como orpobio, periplo y diadema (mi palabra favorita del Español). Sé que con esto no vamos a salvar al mundo de la ignorancia y la dejación generalizada por escribir bien (o, por lo menos, correctamente), pero es una manifestación poética que me atrae mucho. Me siento con el deber de devolver -en la medida de mis posibilidades- toda la felicidad que me han dado las letras y las palabras "que pienso y declaro (padre, amigo, hermano y luz alumbrando la ruta del alma del que estoy amando...)".



Rodrigo




2 comentarios:

Andres dijo...

q chori. yo tambien quiero apadrinar una palabra.

será maravilloso.
y podriamos llevarlas pasear por la ciudad.

muero. besos

miss ya

EsLoQ`HaY dijo...

Evaluando, evaluando... cuando me desida te aviso...XD

Gran post!!!

Saludos!! Slqhay.